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31/7/2010
 

"La educación, una esperanza para la sociedad"

22 de septiembre de 2003.
Cine Teatro Gran Rex.
Avda. Corrientes 857. Buenos Aires


PONENCIAS

EL ISLAM Y SU APORTE EN OCCIDENTE A LA CIENCIA Y A LA EDUCACIÓN
Móhsen Ali

En nombre de Dios, el más compasivo y misericordioso

Tal vez uno de los hadíces1 más tempranos y difundidos del profeta Muhammad (conocido en Occidente con el nombre de Mahoma S.A.W.)2 es aquel que reza lo siguiente: «Procurad el conocimiento desde la cuna hasta la tumba».

Además, en otra ocasión sentenció: «Honrad a vuestros hijos y perfeccionad su educación. La búsqueda de conocimiento es una obligación para todo musulmán y para toda musulmana».

Solía afirmar también: «Tomad el conocimiento sin importaros el recipiente que lo contenga».

El Sagrado Corán señala en numerosos pasajes la importancia del saber; veamos aquí algunos versículos o aleyas:3 «¿Acaso podría equipararse a los que saben con quienes ignoran?» «Los que meditan acerca de la creación de los cielos y la tierra, dicen: señor nuestro, ciertamente no has creado esto displicentemente [...]».

Pero estas enseñanzas coránicas y proféticas plantean a los musulmanes, sobre todo a aquellos que vivimos en Occidente, un gran desafío: ¿Cómo armonizar y complementar las sabias enseñanzas religiosas basadas en el amor a Dios, al prójimo, y en el afán de aprender, pero para aplicar y convertirse en instrumento de transformación para la sociedad? Tal como lo señalaba Manuel Belgrano en su célebre frase: «¡Educar es sembrar en las almas!»

Muchos de los sistemas educativos mantienen entre sí notables diferencias cualitativas, pero no pocos de ellos van a la zaga de políticas propiciatorias de individuos con poca formación o educación espiritual y cuya «formación» apunta esencialmente a la productividad.

El verbo educar tiene sus raíces en educare (instruir, enseñar, alimentar, criar) y en educere (elevar, levantar, sacar fuera, conducir, guiar, traer hacia afuera). Es decir, ayudar a manifestar lo que hay dentro, en ningún caso introducir, meter, forzar un camino no querido.
Éste debería ser el verdadero objetivo de la educación: saber crear las condiciones óptimas para que cada cual pueda dar de sí lo mejor en plenitud, para que de nuestras escuelas y universidades egresen seres humanos completos, íntegros y dignos.

Este sentimiento sería la base sólida sobre la que se estructurarían automáticamente el respeto, la solidaridad, la compasión, el amor por el trabajo bien hecho, el gusto por la sencillez y la indiferencia ante las falsas necesidades propuestas por un sistema netamente consumista.

Creemos que estas circunstancias no pueden darse en un marco educativo cuyo principal objetivo pareciera ser el perpetuar un modelo de sociedad que ya ha demostrado hasta qué punto es pernicioso.

La educación, entonces, según nuestro entender, es un proceso constante que abarca la vida toda del ser humano, que contempla el desarrollo de las personas en el plano intelectual, sin descuidar la formación y disciplina de lo emocional, lo moral, lo físico y lo espiritual. Sabemos que los centros de enseñanza per se no pueden, en forma aislada, transformar totalmente la sociedad, pero pueden y deben ser fundamentales para propiciar la emergencia del potencial humano necesario para ese cambio, en lugar de concentrar sus esfuerzos en la «producción» de profesionales y matriculados no vocacionales, carne del desempleo y de la frustración personal.

Por último, me quedo con una reflexión de David Sempau, quien sostiene: «Debemos renunciar a seguir obstinados en entrenar en vez de educar».

Educar representa ayudar a que el valor intrínseco de cada cual se manifieste plenamente en su propio beneficio y en el de la comunidad toda.

1. Plural de hadíz. Tiene el sentido general de narración, noticia. Como vocablo técnico, hace referencia a una corta narración o anécdota acerca del Profeta Muhammad (S.A.W.), bien sea de uno de sus hechos presenciado por uno de sus contemporáneos, bien de uno de sus dichos recogido de su propia boca. Un hadíz es, pues, un relato que transmite datos de la sunna (costumbre, normativa del Profeta), por eso suele traducirse también como tradición.
2. S.A.W. Jaculatoria pronunciada tras la mención del nombre del Santo Profeta del Islam, equivalente a: Otórguele Dios su gracia y paz.
3. Aleyas. Al-aya, la señal, el signo, el milagro. Párrafos o versículos de desigual longitud que conforman las suras o capítulos del Corán.



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